Así, cuando esta encima falla, da lugar a una intolerancia a esta sustancia. La intolerancia puede aparecer desde el nacimiento, o bien no dar síntomas de padecerse hasta llegada la edad adulta.
En ocasiones se puede producir esta intolerancia al sufrir una gastroenteritis, pero en estos casos, por norma general, la intolerancia suele desaparecer tras recuperarse de esta enfermedad.
Entre los síntomas de la intolerancia a la lactosa dentro de las intolerancias alimentarias, encontramos en primer lugar el meteorismo que es un exceso de gases en el intestino.
Entre los síntomas de la intolerancia a la lactosa dentro de las intolerancias alimentarias, encontramos en primer lugar el meteorismo que es un exceso de gases en el intestino.
Sin embargo, en otras personas en las que la intolerancia se da de manera más acusada, la simple ingesta de esa cantidad de leche puede desencadenar un proceso que traiga consigo graves consecuencias.
Entre las alternativas que tenemos para combatir las intolerancias alimentarias y, concretamente, la intolerancia a la lactosa, encontramos pastillas de enzimas para digerir los alimentos lacteos sin problemas.
Además siempre podemos optar por realizar la llamada dieta de eliminación. Esta dieta se debe seguir siempre bajo la supervisión de un especialista en nutrición, ya que, de no hacerlo, se puede llegar a un estado de desnutrición.
Antes de embarcarse en esta dieta, es preciso comer la forma más sana durante tres o cuatro semanas, dejando de lado el café, el té, el chocolate, los alimentos con muchos aditivos, el tabaco y los fármacos.
De esta manera, el organismo se preparar para afrontar la dieta y se sabe si los síntomas que se sufrían se debían al consumo de estimulantes o, simplemente, a la ingesta de una dieta inadecuada.
Si en cuanto a la intolerancia a la lactosa y, en general, a las intolerancias alimentarias, nos sentimos mejor al finalizar esta fase, no deberíamos continuar más allá con el seguimiento de esta dieta.
De no ser así, pasaríamos a la llamada fase de exclusión en la que durante cuatro días a dos semanas solo se deben consumir alimentos que raramente provoquen problemas, como el cordero, el arroz y la col, así como una gran cantidad de agua mineral.
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